jueves, junio 08, 2006
Falta de previsión: El origen de la primera crisis de Gobierno

AUTOR: Hugo Morales Vera
Profesor de Estado, Magíster en Gerencia Pública
Hemos visto con admiración, pero sin sorpresa, el gran movimiento estudiantil que ha detonado estas últimas semanas en nuestro país. Para nosotros, funcionarios de la Secreduc RM, no es sorpresa, porque hace más de un año, y para ser precisos, todos los inicios de año escolar, vemos desfilar las organizaciones estudiantiles por nuestras dependencias de trabajo, latas reuniones, expresando sus anhelos, reclamando sus derechos. Fue en nuestras oficinas donde los jóvenes dirigentes tomaron conciencia de la escasa voluntad para concretar sus propuestas, y fortalecieron la convicción de que sólo movilizándose podrían provocar cambios de mayor profundidad a las cómodas adecuaciones que se realiza al modelo educacional de mercado. Fue en esta región donde no se previó la capacidad de organización de los jóvenes, donde se pensó que la juventud, como estaba instalado, no es capaz de pensar su propia sociedad. Para cualquier administrador la “previsión”, ya indicada por Henri Farol en 1916, es condición clave de cualquier proceso administrativo, pues aquí no se dio. Fue en las oficinas de la SEREMI Metropolitana donde no se previó el creciente descontento y la desconfianza de los dirigentes secundarios, que ha culminado con las recientes movilizaciones, generando la primera crisis de gobierno pero, al mismo tiempo, el mejor y mayor movimiento organizacional juvenil.
Ha sido un despertar de los ciudadanos, materializado en los más jóvenes de nuestra gente. Ellos han levantado la voz invocando el derecho a una mejor educación.
Durante 16 años hemos sido objeto de cuanto experimento hay en materias de mercado, sin que la sociedad organizada razone por sus derechos, porque si de algo, se jactaban muchos, es de que las organizaciones: “pesan menos que un paquete de cabritas”. Ello ha potenciado a los reproductores del sistema para proponer distintos experimentos mercantiles, profundizando la filosofía de mercado sin contrapeso.
La esperanza que nace a partir del movimiento estudiantil es que se pueda configurar una sociedad organizada, una sociedad de consumo capaz de defender sus derechos. Los alumnos han dado al país una gran clase de educación cívica. Ellos están aprendiendo a conocer leyes, los poderes del Estado, los entrampes que genera la comodidad de administrar el poder por 16 años, las mañas de la administración del Estado y sus peleas internas; también, han aprendido que el poder y el afán de protagonismo seduce, debilita y divide. Es la mejor y más larga clase de educación cívica. Han ganado en formación empírica, también ha ganado en formación cívica el país: unos ya saben qué es la LOCE y otros se preguntan qué será. Nace la esperanza de que se pueda cambiar la inmovilidad de los equilibrios políticos a través de la participación, que valoren el poder obtenido inscribiéndose en los registros electorales, y otorguen una nueva vitalidad a todos los partidos en funcionamiento.
Los estudiantes han puesto el tema. Los tecnócratas deben ser consecuentes y cuestionarse: ¡Están reclamando los clientes, los consumidores! En efecto, a juicio de los clientes, el servicio que están recibiendo es malo o por lo menos defectuoso.
Hasta hace pocas semanas vimos el espectáculo mediático de las autoridades educacionales, en complicidad con la prensa, sobre los logros en educación, hablando de aumentos “significativos”. Los jóvenes han demostrado que dichos “avances” son marginales y que se debe enfrentar las causas profundas y estructurales de los aprendizajes deficientes.
Los mismos medios que hasta hace pocas semanas mostraban los grandes avances en la gestión educacional de la región y el país, hoy nos han mostrado las condiciones indignas en las que estudian muchos de nuestros jóvenes.
Hoy el tema es la LOCE y la inefectiva descentralización de la educación.
La Constitución Política y la LOCE, consagra el negocio de la educación, o la libertad de enseñanza, por sobre el derecho a la educación. Los jóvenes han tomado conciencia de la poca efectividad de un “derecho a la educación” que no goza de garantía constitucional.
Otro frustrante aprendizaje ha sido que, a pesar de la gran adhesión a las demandas estudiantiles por los más diversos sectores ciudadanos y políticos, el Gobierno de la Presidenta Bachelet no da claras señales de que se producirán cambios efectivos. Instala una comisión integrada y liderada por los mismos actores que por años potenciaron, ejecutaron y se conformaron con este modelo, y que razonablemente lo defenderán; ratificando una pauta de comportamiento que mostró al momento de confirmar muchas de las autoridades que ocupan cargos de jefatura desde la recuperación de la democracia, desoyendo a las organizaciones sociales que se comprometió a considerar.